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Divide ¿y vencerás?

La estrategia “selectiva”de Pakistán contra las insurgencias yihadistas

Por Pilar Pozo Serrano



A comienzos del 2010 el gobierno, ejército y servicios de inteligencia de Pakistán desarrollaron un conjunto de actuaciones que podrían resultar de particular trascendencia para la evolución de los conflictos en curso en Afganistán y Pakistán. Estas iniciativas se pueden sintetizar en dos grandes líneas. Por un lado, la cadena de detenciones en suelo paquistaní de prominentes líderes talibán afganos.1 En particular, la detención del Abdul Ghani Baradar –lugarteniente del dirigente del movimiento talibán, el mulá Omar– ha supuesto un notable golpe de efecto pues parece contravenir la tradicional estrategia paquistaní de cultivar buenas relaciones con los talibán afganos como medio para garantizarse una posición de influencia en el país vecino en previsión de la retirada de las tropas estadounidenses.



 Por otro lado, estas detenciones coinciden con declaraciones del General Kayani –comandante en jefe del Ejército– y del primer ministro –Yousaf Reza Gilani– que reclaman para Pakistán una función relevante en las eventuales negociaciones con los talibán para resolver el conflicto de Afganistán (The New York Times, 10/II/2010).
Es pronto, sin embargo, para afirmar que la estrategia de Pakistán ha tomado realmente un nuevo curso. La detención de los líderes afganos puede perseguir objetivos compatibles con su tradicional política de diferenciar insurgentes enemigos y grupos neutrales. Al mismo tiempo, la estrategia de Pakistán debe interpretarse a la luz del contexto actual, marcado por la puesta en marcha de la Estrategia de estabilización regional para Afganistán y Pakistán –adoptada por EEUU en enero de 2010– y el inicio en febrero de la operación Mohstarack (“Juntos”), la mayor ofensiva militar emprendida por EEUU en Afganistán desde el año 2001. La nueva estrategia estadounidense contempla el envío de 30.000 efectivos adicionales2 a Afganistán a principios de 2010 y por un período de 18 meses, transcurridos los cuales se debe iniciar el repliegue (Obama, 2009). Este aspecto de la estrategia –la fijación de una fecha de salida–, además de haber suscitado críticas de algunos analistas (Boot, 2010), imprime un ritmo acelerado en el que la colaboración de Pakistán puede resultar esencial. EEUU, en efecto, tiene grandes dificultades para crear su propia red de inteligencia humana en la zona por lo que se ve obligado a que recurrir al servicio de inteligencia paquistaní (ISI). Sin duda, Pakistán es el más capacitado para obtener información y para entender el modo de operar de los talibán y de otros grupos yihadistas, en cuya creación intervino directamente con el fin de que sirvieran de instrumento para proyectar su influencia en Afganistán (Stratfor, 2010d).

Leer el informe completo: Pinche aquí

Fuente: Instituo Elcano 
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