El rol de la mujer iraní en "Persépolis"
La película animada "Persépolis" aborda la transformación de la identidad femenina en Irán debido a la revolución religiosa ocurrida en el país.
Dirigida por Marjane Satrapi y Vincent Paronnaud, Persépolis (2007) relata la evolución de una niña en mujer dentro del complicado contexto social provocado por la revolución iraní ocurrida a finales de la década de los setenta. Basado en la autobiografía gráfica de Satrapi, el universo de la historia se divide en dos: el colorido presente y el pasado visto en blanco y negro.
Por Ana Falcón
Publicado en Suite 101
Los cortes entre las edades de la protagonista permiten no sólo observar su cambio personal, sino también la transformación que sufren (pues la realizan en contra de su voluntad) las mujeres que componen el universo matriarcal de su infancia. La abuela, la madre y la propia Marjane se convierten en medios por los cuales el mundo se entera del irrevocable cambio, de las reales consecuencias que conllevó la caída del Shah para las iraníes.
La madre como símbolo de la protección
Intelectual e independiente, la progenitora de Marjane aparece en la cinta equilibrando el papel desempeñado por la rebeldía política de los hombres de la familia. Pasiva en apariencia, la madre tiene un carácter firme capaz de disuadir a la joven Marjane de sus planes para atormentar a un enemigo y posteriormente contrarrestar la constante influencia de la educación ultraconservadora sobre la voluntad de un joven vecino que desea abandonar a su madre para unirse a la guerra.
Es la madre de Marjane quien más sufre por la revolución ocurrida en Irán. Pierde la libertad en la que ha alcanzado su madurez y desarrollado su identidad femenina, pero también pierde a su única hija debido a la rebelión que alguna vez apoyó. Es ella quien reconoce el innegable triunfo de la revolución al acatar todas las reglas que le son posibles, pero únicamente lo hace para proteger a sus seres queridos.
La posible resignación de este personaje es transformado en heroísmo durante una escena ocurrida afuera de un supermercado. Ella es acusada por un elemento de la “policía moral” de llevar mal puesto el velo sobre su cabeza, lo cual admite haber realizado sin dolo alguno. Al terminar su explicación ella es insultada frente a su primogénita, a quien toma del brazo inmediatamente para llevarla a la seguridad del coche. En el trayecto a casa llora en silencio, incapaz de responder la agresión que ha sufrido para evitar mayores injusticias.
Sin embargo, su rol como protectora es afirmado con mayor vehemencia en el clímax de la cinta. Basta una frase suya para justificar y cerrar el círculo dramático en que se desarrolla la trama de Persépolis.
La abuela como metáfora del peso de la Historia
La abuela de Marjane es un personaje silencioso, que maneja su lenguaje de manera indirecta. Su cariño dulce es tan profundo como su inteligencia rebelde. Acepta los ciclos de la Historia y los explica a su nieta, quien tarda mucho más en entender que algunas partes del pasado se repiten.
Durante la infancia de la protagonista funciona como un bastión de tranquilidad, de estabilidad en una sociedad que se encuentra en autodestrucción. Simboliza la repetición de los errores de la civilización humana, y de la terrible normalidad que es que dichos fallos sucedan una y otra vez.
La niña como alusión a la transformación de la mujer iraní
Eje central de la cinta, Marjane representa el cambio en la identidad femenina dentro del Irán contemporáneo y el duro proceso de aceptación que implicó. Criada en un entorno abierto, la chica pierde paulatinamente muchas de sus libertades superficiales: la moda occidental, llevar el pelo sin velo, la interacción libre con personas del otro sexo.
Aislada en su sociedad natal debido a su natural rebeldía, Marjane huye hacia Europa a buscar lo que cree perdido. Pero no lo encuentra. Falla en todos los niveles y regresa a casa derrotada, donde finalmente comprende que la libertad interna ha estado a su alcance todo el tiempo. Iluminada por este aprendizaje logra reconciliarse consigo misma, su familia y su país.
Persépolis rompe con sus personajes femeninos la tradición de utilizar los dibujos animados para escapar de una realidad demasiado cruda. Sus gráficos consiguen hacer parecer más “real” la inocencia infantil de una niña, la cual pierde por un momento pero que jamás desaparece del todo, incluso cuando logra convertirse en una mujer adulta.












