Editorial
Editorial. Quizás será hoy o mañana. Pero alguien morirá ahorcado o lapidado en Teherán. Su crimen: oponerse al gobierno de Mahmud Ahmadineyad, ser homosexual, bahai, mujer irreverente o demasiado libre pensador. Impávido, ignoto, casi ausente, occidente admite esta derrota diaria a los Derechos Humanos y a los valores democráticos. Sin embargo existen hoy en día activistas que levantan su voz en todos los rincones del planeta y exigen un cambio inmediato para el pueblo iraní. Este país se ha convertido en una amenaza plural: en SEGURIDAD - plantas nucleares y afines-, ECONÓMICA - negociando con empresas occidentales que ignoran (o quieren ignorar) que están colaborando con la financiación de grupos terroristas- y en DERECHOS HUMANOS, por su continúo cercenar de los mismos y de las libertades básicas de todo ser humano.

















