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15 segundos en un Kibutz

Martes 16 de Marzo de 2010 13:06 Imprimir Correo electrónico
12-15 SEGUNDOS EN UN KIBUTZ EN EL SUR  DE ISRAEL.        
¿ESTAMOS FRENTE A  UNA REVOLUCIÓN EN EL CAMPO DE LA FÍSICA?


Por Itineris Ruhani


El tiempo es relativo. En algunos momentos sentimos que pasa rápidamente, en otros, los minutos parecen que se hacen siglos. Se mueve constantemente, no discrimina en que parte está.  Se puede concebir al tiempo como un constructo humano: no se ve, ni se toca, ni se siente pero siempre está ahí, latente. Pero es el tiempo que hace historia.  Algunas veces un suceso de unos segundos puede tener repercusiones muy grandes. En mi relato me quiero centrar en un corto periodo de tiempo: el transcurso de  12 a 15 segundos. Unos 12 a 15 segundos que parece que se les ignora y que no interesa que entren en los registros de la historia.



Fui voluntario en un kibutz del sur de Israel, muy cerca de la frontera con Gaza. Para aquellos lectores que no sepan que es un kibutz, se trata, a grandes rasgos, de un tipo de comunidad agrícola que acepta a voluntarios de todo el mundo. Tenía ganas de conocer Israel pero no como turista. Quería tener la oportunidad de vivir con la gente local, de trabajar con ellos, en definitiva de conocer el país desde dentro.
Me pusieron a trabajar como voluntario ayudando a un electricista. No había trabajado con cables antes pero mi tarea no requería de mucha experiencia y era bastante intuitiva. El kibutz en el que estuve fue creado por judíos latinoamericanos en el año 1950.  El español estaba muy extendido, prácticamente todo el mundo lo hablaba. Al no existir una barrera lingüística y gracias al carácter de los miembros de la comunidad conseguí conocer a mucha gente.  Viví con más voluntarios que procedían en su mayoría de Suráfrica,  Latino  América, Norte América y europeos, en su mayoría alemanes.
Fue una estancia en la que aprendí muchas cosas a nivel personal. Pronto me di cuenta que los miembros del kibutz se interesaban por una idea que quería poner en práctica.  Pretendía entrevistarles  ya que me fascinaba lo que había oído de sus vidas. Vinieron a Israel por ideales dejando posiciones acomodadas en sus países de procedencia en Latino América con el fin  de cumplir su sueño de volver a Tierra Santa y crear una comunidad kibutz que habían estado diseñando con  ilusión desde que eran adolescentes. Al principio se encontraron con condiciones bastante duras: no tenían ni agua ni electricidad, escaseaba la comida, estaban amenazados por sus vecinos árabes y además las altas temperaturas del desierto suponían un desafío físico de gran exigencia. Pero al final, consiguieron convertir una parcela de desierto en una comunidad habitable con zonas verdes donde se podía trabajar el campo.
La propia geografía del lugar en el que me encontraba, una pequeña comunidad de alrededor 250 habitantes en medio del desierto y con un tipo de sistema único en el mundo crearon las condiciones necesarias para que reflexionara sobre las entrevistas.  Todas las entrevistas tenían como denominador común por parte de los entrevistados  la decepción respecto a Televisión Española  en relación a como ha tratado tradicionalmente el conflicto árabe – israelí dándoles una imagen de crueles opresores que imponen su poderío material en una indefensa e  inocente población árabe de Palestina. Me comentaron que algunos periodistas de grandes medios de comunicación españoles habían estado en el kibutz pero que por motivos de restricciones en las directrices  editoriales pro –árabes de sus periódicos no podían publicar lo que ellos veían.
Durante mi estancia en el kibutz tuve la oportunidad de visitar otras partes de Israel hablando con sus gentes que también me expresaban su preocupación de cómo los medios de comunicación europeos reflejaban el conflicto.  
En Israel, encontré un país construido con ilusión y esfuerzo, gran generador de ideas, creativo, multicultural que entrena a su población a través de un servicio militar obligatorio para defenderse de la amenaza de sus vecinos que le quieren eliminar del mapa. Un país donde aprendí que en tan solo de 12 a 15 segundos la historia vital de una persona puede ser interrumpida. En el kibutz donde viví uno tiene ese trascurso de tiempo desde que oye “Tseva Adom”, la voz de alarma que alerta que un misil Qassam ha sido lanzado desde la franja de Gaza, para correr al refugio y protegerse. Ha habido numerosas etapas en que esa alarma se ha activado varias veces al día.
Para muchos medios de información los segundos que se deben congelar con una instantánea son aquellos en los que se ven los daños colaterales de las operaciones de objetivos selectivos del ejército Israelí, en muchos casos inevitables ya que se utilizan lugares civiles como tejados de casas y colegios para lanzar los misiles Qassan. Pero nunca muestran los ataques indiscriminados a la población civil de Israel. ¿Será que el sectarismo permite que el tiempo deje de ser un ente abstracto convirtiéndose en algo plasmado por una instantánea en solo unos casos? Quizás nos encontremos ante una nueva revolución en el campo de la física.

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