Rwanda: no todo vale
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España, Rwanda y genocidios: los efectos perversos del mal uso de las palabras
Por Ma. Luisa Loredo (*)
Frente al torrente de acusaciones realizadas por políticos, Ongs y medios de comunicación españoles contra el Presidente de Rwanda, Paul Kagame, con motivo de su visita a Madrid hace unos días, son necesarias unas puntualizaciones señaladas en el siguiente informe.
Frente al torrente de acusaciones realizadas por políticos, Ongs y medios de comunicación españoles contra el Presidente de Rwanda, Paul Kagame, con motivo de su visita a Madrid hace unos días, son necesarias unas puntualizaciones:
1. Kagame no puede ser considerado, hoy por hoy, el responsable “del genocidio rwandés de los noventa”, o de “la muerte de cuatro millones de personas en Rwanda y en la República Democrática del Congo entre 1990 y 2002". 2. El crimen de genocidio es demasiado grave para confundirlo con otras barbaries colectivas organizadas. 3. No obstante, la confusión es voluntaria: es una forma de banalización para luego exculpar a los verdugos y negar el genocidio.
1. Porque no todo vale: un poco de memoria histórica
La minoría tutsi en Rwanda
Paul Kagame, nacido en Rwanda en 1957 en el seno de una familia tutsi, llega con cuatro años a Uganda, después de las persecuciones perpetradas por los Hutu en 1959-60. Se une al Ejército de Resistencia Nacional ugandés liderado por Museveni que desbanca en 1985 al régimen de Obote. No obstante, los ex “niños-soldados” tutsis no ven la posibilidad de integrarse en la sociedad ugandesa como tampoco la de retornar a su país, una opción que el gobierno hutu en Kigali niega a los 600 000 tutsis del exilio. De ahí la creación en 1987 de una organización político-militar, el Frente Patriótico Rwandés (FPR) cuyo objetivo es el retorno de los tutsis del exterior a Rwanda. Entre 1990 y 1994 se suceden enfrentamientos militares y negociaciones con las autoridades de Kigali.
El fatídico 6 de abril 1994, a las 20:25, horas después del derribo (cuyas causas nunca fueron esclarecidas) del avión en el que viajaban los presidentes de Burundi y Rwanda, se inicia el genocidio de los tutsis. En la contienda militar paralela, el FPR vence a las Fuerzas Armadas Rwandesas (FAR) en julio 1994 poniendo fin a un genocidio eficazmente planificado: en menos de 100 días, desaparecen unos 800 000 tutsis y de 10 a 30 000 hutus moderados; muchos murieron a golpe de machete, otros en iglesias que no supieron o no quisieron protegerlos. En total, el 11 % de la población nacional y el 90 % de la minoría tutsi.
Los autores del genocidio: las Fuerzas Armadas Rwandesas (FAR), las milicias Interahamwe, miembros del gobierno hutu, y muchos civiles de a pie, alentados y indoctrinados (recordemos la “Radio Televisión Tiempo Libre de las Mil Colinas” establecida el 8 de abril 1993 y “Radio-Machete” que, en la mejor tradición del Tercer Reich, describían a los tutsis como “cucarachas” que había que eliminar). El genocidio había sido minuciosamente planeado desde el poder hutu y el mismo Comandante en Jefe de las Fuerzas de mantenimiento de la paz de NNUU, el General Dallaire, había alertado la inminencia del desastre.
Es por tanto arriesgado afirmar, máxime sin juicio previo, que el propio Kagame habría instigado un genocidio de tal magnitud contra su propia gente como se reproducido con mucha ligereza en los medios de comunicación españoles.
La reorganización de los ex FAR y milicias Interahamwe desde el este del Congo
En cuanto a la supuesta responsabilidad de Kagame en el conflicto de la República Democrática del Congo, conviene también hacer memoria:
En los meses siguientes al genocidio tutsi y la toma de poder por el RPR en Kigali, las milicias Interahamwe y los ex FAR junto con uno a dos millones de civiles hutus (sobre un total de ocho millones) cruzan la frontera con la vecina Zaire (República del Congo Demócratico a partir de 1997) para instalarse en las provincias norte y sur Kivu. Desde estas bases militares, los exdirigentes hutus preparan su reconquista del poder y lanzan ataques repetidos contra las nuevas autoridades de Kigali provocando a su vez incursiones militares en territorio congoleño por parte de Rwanda. De ahí la primera guerra del Congo en 1996-97 durante la cual se producen matanzas de refugiados hutus, en particular en Tingitingi y en la provincia del Ecuador.
La realidad es bastante más compleja que lo que se ha sugerido al encontrarse presente un mosaico de intereses y de actores regionales: por un lado el gobierno de Kabila y sus aliados, Angola, Burundi, Uganda y Rwanda, principalmente; por otro, el ejército vencido de Mobutu (Forces Armées Zairoises - FAZ) a las que se unieron las milicias Interahamwe, las ex FAR (hutus) y mercenarios de diversos orígenes. Por no mencionar a los actores internacionales, omnipresentes. Murieron miles de refugiados hutus pero no quedaron claramente establecidas las responsabilidades de cada uno. Estalla luego la segunda guerra del Congo (1998-2002) en la que se involucran seis países vecinos, por un lado Angola, Namibia y Zimbabwe junto al gobierno de Kabila, mientras que Burundi, Rwanda y Uganda apoyan a la rebelión congoleña.
2. El crimen de genocidio y su confusión con otros crímenes de lesa humanidad
y crímenes de guerra
El genocidio tutsi y otras barbaridades de las guerras de África central
Lo que precede es, a muy grandes rasgos un esquema de la historia reciente de Rwanda y de la RDC que no puede reflejar la complejidad de lo sucedido. Sin embargo, una realidad que no puede ser travestida es que el genocidio motivo de la investigación por el Tribunal Penal Internacional para Rwanda establecido en Arusha es el genocidio de los tutsis y hutus moderados de 1994.
Si hubo asesinatos en Rwanda y en el este del Congo antes y después, no fueron el producto de un genocidio, o sea: de un esfuerzo premeditado y planificado de exterminar físicamente a un grupo étnico, racial, nacional o religioso determinado (Art. 2 de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio de NNUU de 8 de diciembre 1948) sino el resultado de las guerras y de sus horrores libradas por varios actores regionales. (Lo cual no exime de responsabilidades a sus autores ni minimiza el sufrimiento de las víctimas.)
El crimen de genocidio si bien entra en la categoría de crímenes de lesa humanidad (asesinatos masivos, esclavización y/o persecución de colectivos) merece no obstante una consideración especial porque busca de manera planificada la erradicación sistemática de un grupo definido en términos étnicos o genéticos (de ahí el concepto de “genocidio” desarrollado por Raphael Lemkin), por tanto la modificación definitiva de la humanidad.
La acusación de los jueces Bruguière y Andreu al Presidente Kagame
La acusación formulada por el juez Andreu en febrero 2008 contra Kagame y 39 oficiales rwandeses por genocidio, crímenes contra la humanidad y terrorismo, basa su argumentación en buena parte sobre la acusación del juez Bruguière en 2006: haber asesinado deliberadamente al Presidente rwandés (derribo del avión presidencial) para así provocar el genocidio contra su propio grupo étnico. La acusación del juez francés estaba fundada principalmente en los testimonios orales de Paul Barril, cercano al Presidente Mitterand, y de un ex miembro del FPR, Abdul Ruzibiza, el cual se retractó en noviembre 2008 y acusó al juez Bruguière de haber manipulado su declaración. No obstante, esta retractación no fue reflejada debidamente por los medios de comunicación españoles. Al revés, a Kagame se le ha considerado culpable antes de ser juzgado.
3. Negacionismo, demonización y marginalización de las víctimas
Sin embargo, la acusación mediática contra el actual Presidente de Rwanda es eficaz: ha conseguido, lamentablemente, crear una confusión enorme: equiparar a los tutsi con los hutus, las víctimas con los verdugos; incriminar a las primeras y disculpar a los segundos.
En realidad, detrás de la polémica (más allá de los buenismos sinceros o oportunistas) parece asomarse un esfuerzo revisionista en el que se banaliza el genocidio tutsi de abril a julio 1994. Si se instala la confusión en las mentes, si se establece que todos cometieron crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra, si se acepta que ha habido “dos genocidios en Rwanda”, si todos son “igual de malos”, entonces se ha banalizado el crimen de genocidio. A partir de ahí, puede empezar el proceso de revisionismo histórico, en perfecta línea con procesos paralelos de negación de los genocidios armenio y judío.
Sirva a título de ejemplo las declaraciones recientes de Ghazi Hussein, ex Embajador de la OLP en Viena en el periódico sirio Al-Ba'th del 8 de julio 2010 en las que sostiene que el movimiento sionista presionó a los países occidentales para que cerraran sus puertas a los refugiados judíos para obligarles a emigrar a Palestina, que el régimen nazi sólo persiguió a los judíos no-sionistas y que se han exagerado mucho los crímenes del nazismo (no se menciona el genocidio) que desde luego no son tan enormes como los cometidos por los Israelíes, etc..
Por último, señalar que la desafortunada y humillante experiencia sufrida por el Presidente rwandés podría también ser un preludio, un calienta-motores para futuras visitas de dirigentes de ese país nacido sobre las cenizas de otro genocidio. Y para un fracaso más de la diplomacia española.
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