Chávez y el terror verde
Caracas se ha convertido irrevocablemente en la meca del antiamericanismo. Sobran razones para probar una idea que trasciende las fraguas de los neocon. Con un republicano en la Casa Blanca, Venezuela ya estaría inscrita en el frontispicio de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo junto a Irán, Siria, Sudán y Cuba. Pero Obama sigue apostando por las zanahorias sin palos.
Por Alfonso Merlos
Intereconomía
La dilatada y ardorosa connivencia del caudillo Chávez con plataformas criminales de raíz marxista como ETA y las FARC no puede ensombrecer sus contubernios con el Islam militante.
Ha sido el propio orate de Sabaneta el que ha confesado identificar en Ahmadineyad a su alma gemela, por ser un gladiador de la lucha contra el imperialismo, y el que ha tolerado la implantación de extravagantes sucursales de Hezbolá en América Latina. Es su fotografía la paseada por las calles de Beirut, entronizada por terroristas que le consideran un líder de la revolución islámica global y la resistencia antisistema, antidemocrática y antisemita.
Este fervor de la calle árabe obedece a factores varios. En primer lugar, Chávez denuncia reiteradamente el genocidio de palestinos planificado por Tel Aviv, al que considera el brazo de los yanquis en Oriente Medio (sic). En segundo término, mantiene una alianza estratégica con el régimen baazista de Damasco, distinguido por instrumentalizar a Hamás y la Yihad Islámica como unidades de elite contra Israel.
En tercera instancia, se esfuerza en tender puentes con la dictadura islámica de Jartún mientras la Corte Internacional de Justicia se obstina en condenar al sanguinario Omar al-Beshir. En su afán por ensanchar la libertad y acotar el totalitarismo, la sociedad internacional está obligada a estrangular diplomáticamente a quien hoy considera que “La Habana es el mar de la felicidad”; y a quien hace competir a los Castro con Jomeini en sus corruptos altares.
La dilatada y ardorosa connivencia del caudillo Chávez con plataformas criminales de raíz marxista como ETA y las FARC no puede ensombrecer sus contubernios con el Islam militante.
Ha sido el propio orate de Sabaneta el que ha confesado identificar en Ahmadineyad a su alma gemela, por ser un gladiador de la lucha contra el imperialismo, y el que ha tolerado la implantación de extravagantes sucursales de Hezbolá en América Latina. Es su fotografía la paseada por las calles de Beirut, entronizada por terroristas que le consideran un líder de la revolución islámica global y la resistencia antisistema, antidemocrática y antisemita.
Este fervor de la calle árabe obedece a factores varios. En primer lugar, Chávez denuncia reiteradamente el genocidio de palestinos planificado por Tel Aviv, al que considera el brazo de los yanquis en Oriente Medio (sic). En segundo término, mantiene una alianza estratégica con el régimen baazista de Damasco, distinguido por instrumentalizar a Hamás y la Yihad Islámica como unidades de elite contra Israel.
En tercera instancia, se esfuerza en tender puentes con la dictadura islámica de Jartún mientras la Corte Internacional de Justicia se obstina en condenar al sanguinario Omar al-Beshir. En su afán por ensanchar la libertad y acotar el totalitarismo, la sociedad internacional está obligada a estrangular diplomáticamente a quien hoy considera que “La Habana es el mar de la felicidad”; y a quien hace competir a los Castro con Jomeini en sus corruptos altares.
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