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Irán: mañana será tarde

Martes 09 de Marzo de 2010 23:00 Imprimir Correo electrónico

El régimen de Irán ha demostrado su imagen antidemocrática y despótica. Si en la época de Shah los más castigados y perseguidos eran los activistas políticos, en el régimen de los ayatolás nadie está exento de la persecución, ni siquiera los fundadores y pilares del mismo.

Primero los monárquicos, después los kurdos, más tarde los muyahidin del pueblo, luego las corrientes de izquierda, y ahora incluso algunos partidarios del sistema, han sufrido represión, encarcelamiento  y ejecuciones.

Por Rahim Kaderi. Especial para Infomedio


Desde su implantación, el régimen retrógrado de Irán ha tenido una serie de contradicciones y ambigüedades  que ahora, después de más de tres décadas, se ponen en evidencia. Por ejemplo, los conceptos “República” e “Islámica” para todo el mundo siempre han supuesto un binomio extraño y antagónico. Otro término que para muchas personas resultaba sospechoso y antidemocrático era el sistema ´”Welayt-e- Faqih”, que pone por encima de la voluntad popular y la Ley el poder de una persona como Jamenei, cuya autoridad y sus estudios teológicos están en entredicho para muchos expertos en esta materia.
El régimen reaccionario de Irán, a medida que ha transcurrido el tiempo y consolidado sus bases, ha demostrado su imagen antidemocrática y despótica, mientras se iban creando movimientos y organizaciones opositoras que, de forma muy clara, han dicho NO al régimen. Un ejemplo evidente de dicha oposición fue la victoria de Jatami en las Presidenciales de 1997. Ningún analista, tanto en el interior como en el exterior, pudo vaticinar su triunfo porque todo el aparato estatal optó por la victoria de su entonces rival. Por tanto, la victoria de Jatami terminó siendo un referéndum en el que la población dijo un NO, con mayúscula, al régimen. En otros artículos e intervenciones, he recalcado que Jatami podía haber sido el Adolfo Suárez de Irán, introduciendo reformas y llevando al país a buen puerto, pero lamentablemente no tuvo el coraje ni la capacidad de hacerlo.
Las elecciones presidenciales del pasado mes de junio fueron la gota que colmó el vaso. Dichas elecciones fueron consideradas un golpe de estado por la forma tan descarada que se dio el triunfo a Ahmadineyad. De nuevo las protestas florecieron y, como consecuencia de ellas, ha nacido el Movimiento Verde, un movimiento pacífico contra el régimen que en muchos casos va más allá de las reivindicaciones de sus dirigentes. El movimiento ya no está solamente contra el fraude de las elecciones, sino que tiene como punto de mira al conjunto del régimen,  a su Guía (Jamenei) y al presidente del país (Ahmadineyad).
Estas protestas no se limitan a las manifestaciones en el interior de Irán  sino que se han extendido a personas que hasta ahora desempeñaban altas responsabilidades. Por primera vez, miembros del cuerpo diplomático han mostrado su solidaridad con las demandas democráticas. Distintas fuentes aseguran que diplomáticos iraníes en los países escandinavos y Alemania han abandonado sus cargos para unirse a la oposición. El ejemplo más destacado es el del cónsul de la República Islámica en Noruega, Mohammad Reza Haidari, que, además de renunciar a su cargo, ha participado en un acto de protesta frente la embajada de Irán en Oslo con motivo del  31 aniversario del triunfo de la Revolución de 1979. En su discurso, el ex cónsul arremetió duramente contra el régimen por su política antisocial y por su apoyo a los grupos radicales que actúan en Oriente Medio.
Después de 31 años, el sistema ha demostrado que ni le importa la República ni su apelativo de Islámica. Todo indica que nos enfrentamos a un régimen pretoriano en el que los pasdaranes tendrán la primera y la última palabra. Del mismo modo, hay indicios de que los líderes del Movimiento Verde y cualquier otra voz en demanda de libertad y democracia terminará procesada, encarcelada y, probablemente, ejecutada. En los últimos días se han incrementado considerablemente el número de encarcelamientos y ejecuciones en Irán.  
En las circunstancias actuales, el papel del Occidente es vital. Los países europeos han de apoyar a los iraníes en su lucha contra la tiranía, contra el régimen de los ayatolás. Y hay que hacerlo ya. De lo contrario, como lo ha advertido recientemente la Premio Nóbel de la Paz, Shirin Ebadi, mañana será tarde y nos encontraremos con una verdadera tragedia.  

Madrid 14 de febrero de 2010
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