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La mala jugada de Ban en la ONU

Martes 06 de Julio de 2010 12:11 Imprimir Correo electrónico

El Secretario General de las Naciones Unidas Ban Ki-moon está a punto de cometer un error de juicio monumental en cuanto a su papel y a su autoridad se refiere. De manera repetida, el Sr. Ban ha pedido una investigación “internacional” sobre el enfrentamiento con comandos israelíes del 31 de mayo, provocado por simpatizantes de Hamas en un barco con bandera turca frente a la Franja de Gaza, con el resultado de nueve fallecidos y docenas de heridos. Según los medios de comunicación, está considerando seriamente llevar a cabo esa investigación por su propia cuenta.

Jonh R. Bolton

 “Washington Times”

 

No obstante, de actuar sin una autorización explícita del Consejo de Seguridad de NNUU, el Sr. Ban estaría excediendo con creces su autoridad legítima. Ello crearía un precedente dudoso, con repercusiones no solo para Israel sino que también para Estados Unidos, que van mucho más allá del bloqueo de Gaza por Israel o de los acontecimientos del 31 de mayo.  Sin embargo, el Presidente Obama no ha tomado las medidas necesarias para desautorizar esa propuesta y su inacción es entendida en círculos onusianos como un consentimiento implícito a la iniciativa ilegítima del Sr. Ban.

El Consejo de Seguridad de NNUU ya ha emitido una declaración presidencial que, a pesar de ser extremadamente crítica con Israel, fue consideradamente diluida con respecto a su primera versión.  El texto definitivo dice de manera explícita que “el Consejo de Seguridad toma nota de la declaración formulada por el Secretario General de las Naciones Unidas sobre la necesidad de llevar a cabo una investigación completa de la cuestión y pide una investigación pronta, imparcial, creíble y transparente que sea conforme a las normas internacionales”

Por tanto, el verdadero problema está en la posición de Estados Unidos y la -hasta la fecha- inexistente reacción pública por parte de la Casa Blanca parece indicar que le gustaría ver al Sr. Ban seguir adelante con su propósito.

En el mundo esotérico de NNUU, “tomar nota” de algo es simplemente reconocer que existe. “Tomar nota” no supone ni aprobación ni desaprobación y tiene la misma fuerza que decir “tomar nota de que el sol amaneció esta mañana.”  En resumen, el Consejo de Seguridad, ante la oportunidad de autorizar al Sr. Ban de crear una investigación internacional, eligió no hacerlo. (Además, conforme a la Carta de las NNUU, la Asamblea General no tiene competencia, considerando que aquí el Consejo de Seguridad está tratando de una cuestión con toda evidencia relacionada con “la paz y la seguridad internacionales.”)

En realidad, los portavoces norteamericanos dijeron inmediatamente después de la declaración del Consejo de Seguridad que una investigación transparente y realmente independiente conducida por Israel sería satisfactoria. De hecho, Israel está llevando a cabo una investigación con participantes internacionales que asegura cumplirá este requisito.

Por otra parte, el 2 de junio en Ginebra, el Consejo de Derechos Humanos de NNUU (CDH) saltó a la palestra. Con un voto absolutamente predecible de 32-2, siendo Estados Unidos uno de los tres disidentes, el CDH creó su propia “misión de investigación”. Podemos predecir con absoluta certeza, en base a la Misión Goldstone creada por el CDH en enero 2009 para investigar la operación israelí “Plomo Fundido” en la Franja de Gaza, cuáles serán las conclusiones de esa nueva investigación. Israel, dirá el informe, violó el derecho internacional con el bloqueo de Gaza, no tenía justificación alguna al interceptar la flotilla de Gaza, y usó la fuerza de manera desproporcional al abordar la nave turca.

Por consiguiente, ¿por qué se sigue todavía hablando de una investigación adicional creada por Ban Ki-moon? Incluso sus ardientes partidarios de la administración Obama saben que el CDH, establecido hace cuatro años para reemplazar su desacreditado predecesor, está a su vez desacreditado y que cualquier informe del CDH sería ampliamente ignorado tanto en Israel como en Estados Unidos. Por lo contrario, una investigación establecida por el secretario general de NNUU, cuyas conclusiones con casi toda seguridad serían las mismas que las de la investigación del CDH, bien podría tener un peso y una credibilidad considerablemente mayores. Y si, como muchos sospechan, una mayor presión sobre Israel es lo que el Presidente Obama realmente quiere, entonces un informe del secretario general sería mucho más eficaz.

Israel rechaza la propuesta del Sr. Ban, y el mismo Sr. Ban reconoce que sería fútil seguir adelante si Israel se niega a cooperar, lo mismo que sin lugar a dudas hará con la investigación del CDH. La verdadera cuestión, por tanto, es la posición de Estados Unidos, y la ausencia de una respuesta pública por la Casa Blanca parece indicar que le gustaría ver al Sr. Ban seguir adelante con su propósito. Ello permitiría al Sr. Obama argumentar, de manera poco honrada, que los Estados Unidas en realidad nunca votaron a favor de la creación de dicha investigación y al mismo tiempo informar de manera discreta al Secretariado de NNUU de que la Casa Blanca está perfectamente a gusto con dicha investigación.  De modo inequívoco, el silencio del Sr. Obama da su consentimiento.

Pero también debemos entender plenamente todas las implicaciones de una investigación de Ban Ki-moon sin la autorización explícita del Consejo de Seguridad. Ello constituiría un precedente para futuros abusos de poder por los líderes de NNUU, algo de lo cual Estados Unidos podría perfectamente llegar a arrepentirse. La Carta de las NNUU es ya lo suficientemente retóricamente expansiva y cuando el secretario general hace valer su autoridad más allá del paraguas protector del veto de Washington en el Consejo de Seguridad, cualquier tipo de daño es posible.

Antes de que el Sr. Ban actúe, aquellos miembros del Congreso que se oponen a otra investigación más deben movilizarse.  Aunque no pueden parar el apoyo que detrás del telón el Sr. Obama ofrece a esta indudablemente mala idea, pueden reaccionar por vía legislativa.  Estas son precisamente las circunstancias en las que una reducción de las contribuciones de Estados Unidos a las NNUU por vía legislativa estaría justificada. Y en el presente caso, por que el abuso de la Carta de las NNUU es especialmente flagrante, el importe de la retención debe exceder con creces nuestra correspondiente cuota al modesto coste de la investigación. Es esta una situación en la que el secretario general y otros miembros de NNUU necesitan entender que los Estados Unidos están dispuestos a llevar a cabo una acción punitiva en términos financieros para proteger sus intereses. De esta manera y solo de esta manera, podremos lograr captar su atención en Nueva York. 

John R. Bolton es miembro del American Entreprise Institute. Fue Representante Permanente de Estados Unidos ante Naciones Unidas de agosto 2005 a diciembre 2006.

Traducción: Aurora Lastra

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