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Esteban Ibarra opina que vivimos en Europa desde hace años un crecimiento sostenido de la xenofobia. Lo advirtió de diversas maneras, en especial durante los años 90, el Parlamento Europeo quien aprobó el Informe Ford sobre el ascenso del racismo, la xenofobia y el neofascismo en Europa. Transcurridos los años con la globalización económica y los flujos migratorios, el neoliberalismo y la debilidad del estado del bienestar junto al agotamiento de los actuales proyectos democráticos, se configura un escenario donde anidan cómodamente aquellos que explotan contradicciones y conflictos sociales para alimentar el odio y la intolerancia. Esteban Ibarra es Presidente de Movimiento contra la Intolerancia y miembro del Consejo Asesor de INFOMEDIO.


Con la irrupción de la crisis económica y sus múltiples dimensiones, el daño a los ahorradores, el descrédito del sistema financiero internacional, modelos de desarrollo desenfrenados consumistas, depredadores y al servicio de la acumulación de capital, en el caso de España con un urbanismo especulativo y sin precedentes, junto a su corolario, el aumento del desempleo y de los déficits asistenciales del Estado, así como el traslado de costes de sus agujeros financieros a la ciudadanía, todo ello viene a dibujar un escenario preocupante para los colectivos más vulnerables, especialmente para los inmigrantes, así como para la estabilidad y desarrollo de la convivencia democrática.

En este escenario de crisis, el aumento del prejuicio xenófobo y del hostigamiento a la inmigración está servido. El rechazo latente a compartir situación e igualdad de trato en materia de empleo, sanidad, educación y otro tipo de servicio o atención asistencial, se viene constatando no solo en las encuestas oficiales de opinión, sobre todo por la multitud de situaciones e incidencias de la vida cotidiana que apuntan a conflictos de futuro, algunos ya presentes. Si a estas situaciones se añaden la agitación y hostigamiento xenófobo que impulsan grupos organizados extremistas que con la consigna "los españoles primero" azuzan el conflicto, las perspectivas cuando menos son inquietantes.

Además la acción xenófoba en los últimos años ha recibido un fuerte estímulo por los resultados electores en algunos países de esta Europa desmemoriada, como los obtenidos por formaciones ultraderechistas en Austria, Italia, Alemania, Suiza entre otros, donde se recoge una cosecha de votos y un apoyo populista estimable, albergando esperanzas para otro objetivo, este mas transcendente, que es vincular la crisis económica con la crisis del sistema, con la globalización y especialmente con los valores democráticos que resultaron vencedores de la contienda mundial frente al nazi-fascismo del siglo pasado.

Mientras tanto las tareas democráticas para impedir el crecimiento de la xenofobia no se hacen adecuadamente, ni en Europa, ni en España donde el Defensor del Pueblo advertía recientemente del crecimiento del racismo y el Observatorio de la Convivencia Escolar constataba el aumento de la intolerancia de los adolescentes hacia inmigrantes, gitanos y judíos. También el Centro de Estudios para Asuntos religiosos en Washington señalaba a España como el país europeo donde mas había crecido el último año la islamofobia y el antisemitismo.

En el debe de las actuaciones institucionales para atajar la emergencia xenófoba hay que significar el déficit de sensibilización preventiva, la escasa ayuda a las víctimas de delitos de odio, la deficiente aplicación de la legislación de igualdad de trato, la ausencia de una Fiscalía especial contra el racismo y los delitos motivados por intolerancia, el inexistente impulso de una legislación protectora y promotora de los Derechos Humanos, la nula erradicación en Internet de las webs, blogs y foros que difunden el odio, la xenofobia y la violencia, la permisividad a la propaganda ultra y racista en las gradas de los estadios de fútbol, así como la aceptación de facto de la presencia de grupos que promueven el nazismo y desarrollan la violencia.

En efecto hay un programa pendiente contra la xenofobia, mientras tanto y al calor de la crisis económica sigue creciendo su intolerancia extrema, haciendo daño y causando sufrimiento a los más débiles, a los inmigrantes y a otros colectivos estigmatizados ¿Que más podemos decir para que brote la razón y la conciencia en aquellos a quien hemos confiado responsabilidades democráticas?

INFOMEDIO agradece a Esteban Ibarra por esta colaboración.

15/11/2008 • Opine ImprimirDerechos Humanos
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