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Especial para INFOMEDIO


Ricardo Angoso sostiene que el reciente atentado perpetrado en el Líbano contra un alto mando militar cristiano vuelve a sembrar la incertidumbre en esta zona del mundo. La acción, que tiene muchas similitudes con otras acaecidas anteriormente en el país de los cedros, apunta hacia Damasco, aunque desde allí se acusa sistemáticamente a los servicios secretos hebreos de estar detrás de estos actos criminales, algo harto improbable dada la escasa capacidad de acción del Estado hebreo en suelo libanés. En cualquier caso, el asesinato ocurre en el peor momento que vive este país desde la salida de las fuerzas sirias hace apenas unos años. Ricardo Angoso es coordinador general de la ONG Diálogo Europeo y director de la revista Lecturas para el Debate. Es miembro del Consejo Asesor de INFOMEDIO.


Para empezar, Líbano lleva sin presidente desde hace algunas semanas, cuando el prosirio Emile Lahoud abandonara el cargo sin transferir sus poderes el ejecutivo de Beirut y dejando un vacío de poder todavía no resuelto.

El problema radica en que los dos grandes bloques que dominan la vida política de este país, los prosirios y antisirios, no han conseguido llegar a un acuerdo definitivo que cierre el problema y permita garantizar la estabilidad de tan frágil Estado. Precisamente, la desaparición de este jefe militar recientemente asesinado, Francois el Haij, llega en el momento en que ambas fuerzas en liza parecían haber llegado a un acuerdo y posibilitar la elección como presidente del jefe del ejército libanés, Michel Sleimane. El Haij se perfilaba como su sucesor, un puesto de importante significación y clave en vida libanesa.

Ahora, sin embargo, las espadas siguen en alto, el país sigue sin presidente y sin que perfile una solución a corto plazo. Y, por si fuera poco, las potencias occidentales se muestran incapaces de dar una respuesta a una crisis de impredecibles resultados. Cualquier nueva chispa puede hacer estallar la violencia y los ánimos entre los cristianos, que son los que más han sufrido la ira y la violencia terrorista de los últimos meses, están muy crispados. La tensión es máxima; no cabe duda que la estrategia desestabilizadora de Siria, que nunca ocultó sus deseos por intervenir en la vida política libanesa y subordinar los intereses del país de los cedros a los suyos propios, comienza a dar sus resultados y son muchos los que añoran los "pacíficos" tiempos de la dominación y sumisión a Damasco. Así se había diseñado el plan desde Damasco: cuando comiencen a sonar las bombas en las calles libanesas, todos miraran hacia Siria.

Una solución regional para el Líbano

En cualquier caso, el problema libanés, que siempre fue una excepción en Oriente Medio, por su carácter cosmopolita, occidental y multiconfesional, debería ser resuelto en un marco global de resolución política de los diversos conflictos regionales, aspecto que, por supuesto, pasaría por incluir a Siria en un diálogo multilateral, sin condiciones previas y sujeto a una agenda concreta. La reciente participación del peculiar régimen de Damasco en la conferencia de Annapolis convocada por la diplomacia norteamericana constituyó un éxito y llevó al optimismo de algunos analistas, llegándose incluso a especular con la posibilidad de un giro estratégico en la política exterior siria. Creo que las "campanas" sonaron precipitadamente y habrá todavía que esperar más gestos, que desde luego no pasan por animar la violencia terrorista en todas las latitudes.

Sin embargo, en vista de lo que ha ocurrido en los últimos años con Siria, debemos de analizar el asunto con cautela y el reciente atentado de Líbano -un país donde los sirios gozan de aliados, buena información sobre el terreno e incluso una posible base logística- empañan la percepción con respecto a las verdaderas intenciones del régimen sirio. Además, desde Damasco se ha negado un cambio en las relaciones con Irán, que sigue siendo uno de sus principales aliados en la escena internacional, y la ligazón entre Siria y el mundo radical palestino y libanés sigue intacta.

Pese a todo, y en estos momentos en que el Líbano atraviesa tiempos turbulentos, todas las miradas siguen puestas sobre Siria y el mundo occidental sabe, pero especialmente los Estados Unidos y Francia, los dos países con más intereses en el país de los cedros, que cualquier acuerdo y consenso que permita la reconstrucción política del país pasa por un gran acuerdo entre prosirios y antisirios y éste necesariamente deberá contar con el visto bueno del ejecutivo sirio y su inescrutable presidente, Bashar el Assad. Veremos qué pasa en las próximas semanas.

INFOMEDIO agradece a Ricardo Angoso por esta colaboración.

18/12/2007 • Opine ImprimirLíbano-Siria
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