INFOMEDIO l Análisis y perspectivas sobre Oriente Medio
Actualidad
Boletín
Que es INFOMEDIO
Recursos
Oriente Medio
España
Europa
Alrededor del Mundo
Estados Unidos
Oriente Medio
España
Europa
Alrededor del Mundo
Estados Unidos
Sindicación

Especial para INFOMEDIO


Mohamed Boundi Boundi cree que las elecciones legislativas marroquíes celebradas el pasado día 7 de septiembre revelaron que el país padece un verdadero déficit en cultura política. Con sólo el 18 % de votantes reales, observamos que la transición democrática en marcha desde 1998 está abandonada para las calendas griegas. Lo cierto es que la sociedad está harta de discursos políticos que desdeñan sus expectativas a una vida mejor. Mohamed Boundi Boundi es ex delegado de la agencia Maghreb Árabe Presse en España. Es licenciado en Periodismo y doctor en Sociología de la Comunicación y Opinión pública.


A pesar del raquítico resultado obtenido, el Rey nombró como Primer ministro a Abès Fasí, líder del Istiqlal, el partido más votado (52 escaños). Es el personaje menos esperado y preparado para dirigir el futuro gobierno, coordinar la acción política o compartir el poder ejecutivo con el monarca. Numerosas preguntas se han quedado sin respuesta después de las elecciones del 7 de septiembre por el alto porcentaje de abstención (63%) y otras nuevas han surgido con el nombramiento de Fasí como Primer ministro.

A parte del Istiqlal, nadie está conforme con este nombramiento incluso la prensa independiente considera que esta decisión es "la peor derrota para la democracia". ¿Habrá un nuevo mapa político después del 7 de septiembre? ¿Qué tipo de gobierno le hace falta al país?

Un análisis electoral

El dato oficial más llamativo en las elecciones del 7 de septiembre de 2007 en Marruecos es, sin ninguna duda, el alto porcentaje de abstención que roza al 63% (contre el 48% en las elecciones des septiembre de 2002) aunque para algunas formaciones políticas sólo el 22% de los electores habían acudido a las urnas.

En total, de los 15.500.000 marroquíes inscritos en las listas electorales, sólo 4.700.000 votaron (30% votaron en zonas urbanas y 43% en zonas rurales). La más alta participación, el 62%, se registró en Oued Eddahab (Río de Oro: parte Sur del Sahara) mientras la más baja participación, con el 27%, tuvo lugar en Casablanca.

Además, se contabilizó un millón de votos nulos (19% del total de los votos), lo que al final deja un total neto de 3,7 millones de votos expresados por una población de 33 millones de habitantes, lo que significa una participación real de 18%. Los más de tres millones de inmigrantes en el extranjero han sido excluidos de la cita del 7 de septiembre de la misma manera que las personas hospitalizadas y encarceladas. Al final, la futura Cámara Baja (325 diputados) representa únicamente al 10% de la población.

El panorama electoral ha quedado muy fragmentado y ninguno de los 33 partidos que se presentaron consiguió el 20% de los votos de manera que Abès Fasí le ha sido suficiente conseguir 5.642 votos para ser elegido en su circunscripción y llamado por el Rey para formar un gabinete. Cinco listas han cosechado más de 15.000 votos y en algunos casos la mayoría de las listas reunieron entre 5.000 y 9.000 votos en sus respectivas circunscripciones.

Razones para la apatía

La representación en la Cámara Baja de la actual coalición gubernamental (Al Istiqlal, USFP, PPS, RNI) no supera 186 escaños, elegidos por 1.480.000 votos (9,54% del total de los votantes). La apatía que caracterizó el día de la votación se explica por distintos motivos. Recapitulamos los más significativos:

- El sistema electoral por lista, introducido por primera vez durante las elecciones de septiembre de 2002, es una técnica que impide una mayoría clara debido al fenómeno de escisiones dentro de los partidos. Numerosos partidos compiten por los mismos valores además los electores votan por la persona y no por el partido.

- El electorado ha perdido fe y confianza en los líderes políticos después de 10 años de gobierno de alternancia. Los partidos que formaron las distintas coaliciones gubernamentales han estado alejados de las masas y fueron eclipsados por la figura del Rey.

- Los poderes del gobierno y del Parlamento están muy limitados en comparación con las amplias prerrogativas del monarca. Para la población, las elecciones carecen de utilidad ante el cúmulo de poderes en las manos del Rey y la incapacidad de los políticos y diputados de reivindicar la reforma de la Constitución y una verdadera separación de los poderes.

- Falta de regeneración en las cúpulas de los partidos para impulsar la participación de los jóvenes en la vida política. Los líderes de los partidos de la coalición tienen una media de edad de 70 años.

- Pérdida de credibilidad de los partidos tradicionales formando parte de la coalición gubernamental ante la política anti-popular en materia social y económica.

- Preeminencia del nepotismo, el favorismo y el factor familial en el seno de los partidos, en la confección de las listas electorales, el reparto de carteras ministeriales y en la elección del alto funcionariado (directores generales de la administración pública, de empresas del Estado, embajadores, representantes en órganos internacionales, etc.).

La alta abstención traduce obviamente un malestar de la población que se ha acostumbrado a creer/ver que el Rey se ocupa de todo. La marea islámica no ha llegado.

El PJD, víctima de una extrema euforia y de los sondeos de institutos americanos, no pudo conquistar unos sectores sociales todavía recalcitrantes a su mensaje. Se presentó en la campaña electoral como la única alternativa para salvar el país del "caos" y del "pesimismo" creado por el gobierno de transición. El veredicto de las urnas ha sido cruel a pesar de los 47 escaños conseguidos. Se colocó segundo detrás de Al Istiqlal, un partido tradicionalista, monárquico y conservador que predica el mismo mensaje basado en la moral religiosa.

El electorado de éste partido es, desde la independencia, fiel a la doctrina conservadora elaborada por su fundador Alál Fasí (1910-1974). Este resultado demuestra que la población marroquí es musulmana pero no adhiere a la doctrina radical islamista que predica la aplicación de la chari´â (doctrina estricta del islam).

La USFP, partido que dirigió la oposición a Hasán II durante 40 años y encabezó el primer gobierno de transición, es el gran perdedor. Los militantes no le perdonaron la participación a un gobierno encabezado por un Primer ministro tecnócrata, Drís Yetú, siendo la fuerza política más votada en las elecciones de septiembre de 2002.

Las demás formaciones (Movimiento popular, RNI, Unión Constitucional) mejoraron su representación parlamentaria gracias a los votos de las zonas rurales donde los notables gozan de la notoriedad, del respeto y de la pleitesía de parte de la población. Cómo son dueños del ganado, de los terrenos y de los que las cultivan, las familias de estos notables gestionan sus dominios como micro-Estados. Los diputados elegidos en las zonas rurales representarían el 50% de la Cámara Baja.

Un gobierno a la medida de los partidos

El gobierno que dirige Abès Fasí (67 años), secretario general de Al Istiqlal, vencedor de las últimas elecciones generales, traduce la voluntad de Mohamed VI de mantener intacta la antigua coalición creada a base del consenso y unos compromisos alcanzados por el Palacio y los partidos en la época de Hasán II.

Los aliados en la coalición cuentan con 16 ministros que mantienen sus carteras, lo que corrobora el principio de continuidad predicado por el Rey. Otros siete carteras fueron atribuidas a independientes y siete otras forman parte del dominio de los ministerios de soberanía.

Este planteamiento está en flagrante contradicción con la práctica democrática que privilegia la noble lucha política y la voluntad popular expresada a través de las urnas. Al final, Fasí optó por la lógica del consenso en la búsqueda de un gabinete formado de militantes de partidos, tecnócratas y candidatos del Palacio, unos elementos que no comparten ni referencia ideológica ni programa político.

La lectura del art. 24 de la Constitución que otorga al Rey la prerrogativa de nombrar al Primer ministro, permite al final admitir que el actual gobierno está formado en su totalidad de "ministerios de soberanía". Fasí se limitó, al final, a rubricar la lista de los ministrables en la ritual foto de familia de su gobierno en compañía de Mohamed VI.

Como los art. 25 y 66 de la Constitución atribuyen al Rey competencias ejecutivas, la institución del Primer ministro se presenta como un cargo honorífico despojado de su estatuto de jefe del Ejecutivo. La novedad reside en el advenimiento de una nueva oposición dirigida por el Partido de la Justicia y del desarrollo (PJD: islamista) en el objetivo de desgastar la corriente islamista.

Marruecos, que ha despreciado la oportunidad de cerrar el paréntesis de transición democrática, acaba de descubrir un nuevo panorama político cuyos actores son una elite cansada, unos partidos domesticados y gastados y una oposición aseada y marginada en cualquier debate sobre el futuro del país.

INFOMEDIO agradece a Mohamed Boundi Boundi por esta colaboración.

18/12/2007 • Opine ImprimirMundo árabe
Comentarios:

No hay comentarios para este articulo...

Escriba su comentario:
.
Su email no se mostrará en la página.

etiquetas XHTML permitidas: <p, ul, ol, li, dl, dt, dd, address, blockquote, ins, del, span, bdo, br, em, strong, dfn, code, samp, kdb, var, cite, abbr, acronym, q, sub, sup, tt, i, b, big, small>

Introduzca este código:

authimage

Opciones:
 
(Fijar cookies para el nombre y email)

Últimas entradas
Más incertidumbres que certezas en Irak 2008/05/14
Mentiras 2008/05/14
La paz en Oriente Medio, casi imposible 2008/05/14
Nunca habrá una solución militar 2008/05/14
Israel, 60 años con luces y sombras 2008/05/14
Israel y Diego 2008/05/14
Líbano, al borde del precipicio 2008/05/09
Israel es más fuerte que sus males 2008/05/09
Israel en el índice Nasdaq 2008/05/08
Nada nuevo en el frente de Turquía 2008/05/07