Especial para INFOMEDIO
Pedro Canales relata su participación en el Simposio Internacional "Democracia y desarrollo, en un mundo en mutación", que tuvo lugar en
Túnez capital para celebrar el 20 aniversario del régimen de
Benali. En los dos decenios transcurridos, el régimen se enorgullece del desarrollo socio-económico alcanzado y de la participación de la mujer en todas las áreas de la actividad económica, social, política e institucional. Es cierto que la culminación de las libertades y derechos democráticos es una asignatura pendiente. Entre el liberalismo a ultranza y la amenaza del fundamentalismo islámico, ¿dónde se sitúan los derechos democráticos?
Túnez avanza una respuesta;
Occidente, otra. Es hora, quizás, de entablar el debate.
Pedro Canales es corresponsal diplomático del periódico La Razón en el mundo árabe.
(SIGUE...)
El 7 de Noviembre de 1987, el entonces Primer Ministro Zine el Abidine Benali, destituyó de sus funciones al veterano Habib Burguiba por motivos de salud, y asumió la Presidencia de la República tunecina. La senilidad pronunciada del "padre de la nación", hacía correr riesgos al pequeño país norteafricano. Benali, que controlaba los resortes de la seguridad y de los servicios de inteligencia, se erigió en promotor del "cambio", como en los años siguientes se conocerá el golpe blanco que lo llevó al poder.
En los dos decenios transcurridos desde entonces, el régimen de Benali ha mantenido constantes los objetivos socio-económicos fijados por su antecesor y los ha ampliado: igualdad de todos los ciudadanos ante la Ley, promoción de la mujer, escolarización masiva, alfabetización, sanidad al alcance de todos, vivienda digna, laicidad del Estado.
Túnez se enorgullece del desarrollo socio-económico alcanzado, que lo sitúa en cabeza de los países árabes y africanos en materia de índice de calidad de vida y de participación de la mujer en todas las áreas de la actividad económica, social, política e institucional. Todos los partidos de la oposición, e incluso los detractores del régimen instalados en su mayoría en Europa, reconocen el progreso alcanzado. Lo que no impide a estos últimos señalar lo que consideran insuficiencias y cortapisas a los derechos democráticos.
El Reagrupamiento Constitucional Democrático (RCD), partido en el poder heredero del histórico Destour, con 2,3 millones de adherentes sobre una población de 10 millones, se ha volcado en la celebración del aniversario con actividades políticas, deportivas, culturales y de ocio. No ha faltado también un Simposio internacional, con un centenar de invitados llegados de los cuatro continentes, que ha discurrido durante dos días sobre el tema: "Democracia y desarrollo, en un mundo en mutación".
La elección del tema del encuentro no ha sido hecha al azar. Incluso se lo podría calificar como desafío.
Túnez y el desafío de la libertad
Quizás haya llegado el momento de abordar en profundidad una serie de aspectos que surgen de la experiencia tunecina, y ante los que Occidente tiene en general una posición, y los países emergentes y en desarrollo, otra muy diferente.
En primer lugar, el de las libertades individuales. Para el mundo occidental se trata de una cuestión sagrada, de principios, aunque en los momentos de crisis éstas puedan ser pisoteadas o suspendidas, como en los Estados Unidos tras el 11-S, o en Europa con los diferentes planes antiterroristas que ponen algunos de estos derechos entre paréntesis. En los países emergentes, en cambio, los derechos individuales se sitúan todavía en las necesidades básicas, de vida, alimentación, vivienda, salud, escuela, trabajo. Otras libertades, como la de opinión, creencia, expresión, son aún consideradas un lujo destinado a las minorías pudientes.
En segundo lugar, los derechos democráticos, de constituir organizaciones políticas, crear medios de comunicación, manifestarse en público, hacer huelgas sindicales y políticas, etc., no se ven igual en Occidente o en los países en desarrollo. Si en España aparece como normal y conforme a los derechos democráticos, que se acepten partidos políticos que luchan por cambiar la Constitución, las Leyes y el sistema político imperante (los diferentes grupos independentistas, partidos republicanos, movimientos antiglobalización y otros), en otros países como Túnez significaría un claro riesgo de desestabilización. El Estado español, por ejemplo, tiene los medios (económicos, jurídicos y humanos) para hacer frente a las posibles consecuencias negativas de este ejercicio del derecho democrático. Estados como el de Túnez, por ser el caso del que hablamos, quizás no los tienen. El ejemplo del proceso vivido en Argelia con el triunfo del Frente Islámico de Salvación (FIS) en las elecciones municipales en junio de 1990, y la previsible victoria del mismo en las legislativas año y medio más tarde, acarrearon la intervención militar y la interrupción del proceso electoral, con la consiguiente perplejidad de Europa que se encontró ante el dilema de defender "los principios democráticos" o "la seguridad en Argelia", principal suministrador energético del Norte de África a Europa.
Es cierto que la culminación de las libertades y derechos democráticos es una asignatura pendiente en Túnez, por decirlo de alguna manera. Sus dirigentes así lo reconocen en público y en privado. De ahí la importancia del tema elegido para el simposio conmemorativo del 20 aniversario. El actual Primer Ministro, Mohamed Ghannouchi, declaró a este periodista: "aún tenemos un camino por recorrer en el terreno de la democratización".
Entre el liberalismo y el integrismo
En el polo de la oposición intransigente, Sihem Bensedrine, creadora del web "Kalima", entre otros muchos, denuncia la censura mediática y, lo que llama, "la represión made in Túnez: soft, invisible y legal". Pero el verdadero problema no se sitúa quizás a nivel de esta minoría intelectual, sino en el peligro del fundamentalismo islámico. "No podemos permitirnos el lujo de dejar que unos fanáticos destrocen en poco tiempo lo que nos ha costado medio siglo en construir", me confesaba estos días en Túnez un asesor político del RCD, diplomático de carrera y con vasta experiencia en todos los continentes. "Nuestro verdadero problema es el extremismo religioso que quiere hacer volver Túnez a la Edad media".
Entre los dos extremos, del liberalismo a ultranza y del integrismo, ¿dónde se sitúan los derechos democráticos? Túnez avanza una respuesta; Occidente, otra. Es hora, quizás, de entablar el debate.
INFOMEDIO agradece a Pedro Canales por esta colaboración.
23/11/2007 •
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Mundo árabe