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Débora Chomski reflexiona en torno a sucot y su cocina, haciendo una analogía entre la festividad judía de las cabañas y las viviendas colectivas precarias que se construyen los temporeros que recogen las vendimias. Estas viviendas podrían ser consideradas una versión moderna de aquellos refugios transitorios de los judíos en el desierto durante el tránsito hacia la tierra de la libertad y la abundancia donde "nada hará falta" (Deuteronomio 8, 6-10). Chomski brinda con su amigo Marius, temporero rumano, para que el año que viene él y sus compatriotas no tengan la necesidad de construir "sucot" para vendimiar las futuras cosechas en España. Débora Chomski es Profesora Consultora de Multimedia y Comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya. Es experta en Gastronomía y Alimentación.


A unas horas de Sucot, la festividad judía de las Cabañas, con mi improvisada cabañuela a medio hacer en el balcón, recibí la visita de mi amigo, Marius Markowitz, profesor de secundaria de Sighet, una cuidad pequeña de la zona de Marmatiei, Rumania, donde aún se conserva una diminuta comunidad judía.

Todos los finales del verano, desde hace más de quince años, Marius viene al pueblo donde vivo, en el que se producen vino y cava ecológicos. Marius no acude a los cursos de verano de formación continuada que desarrollan las universidades catalanas. Ni tampoco a viene a enseñar temas de su especialidad ni a contar sus experiencias familiares como supervivientes de la Gran Guerra. Marius es temporero en la recolección de uvas que se da en estas fechas, un sacrificado "trabajillo de verano" que le permite completar su magro sueldo anual como docente y salir por un breve tiempo de "vacaciones".

Para resguardarse y subsistir, Marius y sus compañeros de la vendimia - la mayoria, compatrioras- se construyen viviendas colectivas precarias con plásticos, cartones y ramas. Lejos están los amos de la tierra de ocuparse de esas "nimiedades". Lejos está Marius y los cosecheros de contar con los recursos mínimos indispensables para una supervivencia digna.

Una metáfora de la fragilidad humana

Las precarias sucot (cabañas) que levantan, que serán sus viviendas durante el período de recolección de la vid, podrían ser consideradas una versión moderna de aquellos refugios transitorios de los judíos en el desierto durante el tránsito hacia la tierra de la libertad y la abundancia donde "nada hará falta" (Deuterenomio 8, 6-10). Pero no lo son. Son una manifestación clara y contundente de la miseria actual, generalizada en muchos países y deplorable siempre, se la mire desde donde se la mire.

Sobre la supervivencia de Marius, unas pinceladas de recuerdos. Le preguntaba en la cena que comía para estas fechas en su casa familiar, respetuosa de las tradiciones judías. Su respuesta fue alegre y definitoria: guvetch . El guvetch es un particular cocido de vegetales con carnes y cereales (arroz, bulgur), muy especiada y acompañada con salsa de tomate. Este guisado, de influencia otomana, que se puede terminar de cocer en el horno, es preparado por los judíos rumanos en sus fiestas. Las claves de la preparación es la cocción lenta y la variedad de recetas que existen en torno al plato.

Entre los ingredientes vegetales del guvetch hallamos, las inefables berenjenas -signo del fuerte ligamen de la cocina judía rumana con la gastronomía sefardí - el ajo – abundante e infaltable en las comidas de las comunidades de esta nacionalidad- , los calabacines, las coliflores, los tomates, las patatas y diferentes clases de pimienta (negra, blanca, rosa, verde) que se recogen en su país en esta temporada. Aquí Marius prepara una versión sintética, a la que incorpora arroz bomba (al que se ha aficionado en estos años) y le quita la coliflor, que no se encuentra en el mercado por estas fechas.

Un brindis para el futuro

En nuestra cena de sucá de balcón hemos compartido, como se comparte en estas fiestas, comidas en las que predominan las verduras y las frutas recientemente recolectadas. Y comimos sopa de calabaza - que los judíos turcos llaman potage de balkabak- ; mamaligue – la típica polenta de maíz de la cocina de los judios rumanos-; strudel de salmón y kreplaj de pollo – de las cocina judía centroeuropea- y pasteles con manzana, nueces, higos frescos y naranjas, frutos típicos de la nueva temporada.

Y finalmente brindamos. Porque Marius y sus compatriotas de Rumania no tengan la necesidad de construir el año próximo "sucot" para vendimiar las futuras cosechas en España. Y porque estas fragilidades sean solo de recuerdo de una travesía hacia un mundo mejor, más justo,amable y tolerante.

INFOMEDIO agradece a Débora Chomski por esta colaboración.

01/10/2007 • Opine ImprimirDiálogo interreligioso
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