Especial para INFOMEDIO
George Chaya alerta ante un nuevo estallido interno en el Líbano, que se sumaría al actual enfrentamiento entre el ejército y las milicias islamistas en Naher al-Bared. Chaya considera que el conflicto abierto en el campo de refugiados palestino tiene como objetivo debilitar a las fuerzas armadas libanesas, abriendo un nuevo frente de combate, impulsado por Siria e Irán. Este escenario convulso es propicio para Hezbolá y el resto de los grupos pro-sirios, cuyo objetivo final podría ser la toma del poder en Beirut y el derrocamiento del gobierno. Para frenar este peligro, las tropas internacionales deberían intervenir. George Chaya es analista político internacional y miembro del Consejo Asesor de INFOMEDIO. (SIGUE...)
Luego de muchos años el ejército libanés ha entrado nuevamente en combate. A través de sus brigadas Arz y Jbeil, ahora reforzadas por otras compañías de tierra y de la marina, quienes repelen el ataque del grupo islámico Fatah Al-Islam, conducido mayoritariamente por terroristas palestinos pero que incluye entre sus cuadros medios y tropa a cientos de yihadistas islámicos de variadas nacionalidades --no todas árabes--, no obstante con la misma ideología intolerante y fanática del Islam extremo.
Es precisamente esta conformación del grupo terrorista que ha llevado a cierta confusión. Por lo que varios observadores y analistas entienden que esta agrupación esta directamente vinculada con el salafismo de Al Qaeda.
Lo cierto es que la única y concreta información disponible indica que este grupo es una brigada escindida directamente de Fatah Al Intifada, originario del Fatah palestino creado y comandado en su tiempo por Yasser Arafat y conducido actualmente por el presidente palestino Mahmmud Abbas.
SIRIA Y LA DESESTABILIZACIÓN LIBANESA
En el presente, la organización terrorista tiene su centro operacional y cuartel general en Damasco y posee una importante y no menor red operativa en diez de los doce campos de refugiados palestinos existentes en el Líbano. Con la bendición de los agentes de la inteligencia del régimen sirio ha pasado a llamarse Fatah Al-Islam. Su objetivo, en esta instancia, es la estrategia siria-iraní de dividir el potencial de las fuerzas armadas libanesas y obligarlas a luchar en distintos frentes, desde Trípoli a Sidon, y puede que también en el Bekaa.
Este plan de los yihadistas es socavar las fuerzas operacionales del ejército libanés, debilitando su capacidad de respuesta al confrontarlo ante múltiples frentes de combate.
Esta visión es compartida por un gran número de expertos y analistas, a los que me adhiero, además del propio gobierno democrático libanés, y consiste en ver detrás de este episodio la mano de Siria, siempre activa y alargada dentro del Líbano.
LAS RAZONES DE LA NUEVA CRISIS
Cualquiera sea la opción, lo cierto es que el giro y la dirección de la crisis libanesa presenta nuevas aristas incontrastables. Ellas serían las siguientes:
En primer lugar, los hechos de Naher Al-Bared mostraron una decisión férrea del primer ministro Fouad Siniora y su gobierno al ordenar la rápida y drástica intervención de las fuerzas armadas libanesas, algo que nunca se había apreciado hasta el momento, ni siquiera en los tibios intentos anteriores que no indicaban que podría reaccionar de la misma manera y hacer lo propio con Hezbolá.
Estas acciones contra Fatah Al-Islam también otorgan --por primera vez-- al ejército libanés un "objetivo y misión nacional" no observado en varias décadas, lo que constituye un elemento de suma importancia considerando que en este presente hay fuerzas internacionales con la misión de brindar y preservar la estabilidad al país que se liberó en 2005 de una larga y cruel ocupación militar Siria y actualmente se encuentra nuevamente amenazado por la intervención de iraníes y sirios a través del instrumento local de ambos regimenes (Hezbolá).
En segundo lugar, los propios líderes de Hezbolá y el representante de la Autoridad Palestina acreditado en Beirut han desautorizado a Fatah Al-Islam alineándose con el gobierno Siniora. Este hecho, aunque significativo, no representa necesariamente que las milicias islamistas se alineen más en la línea de Al Qaeda, frente al posicionamiento que marcan los mullah’s Iraníes y los baazistas de Damasco. Al menos en una primera instancia, estos enfrentamientos de Naher al-Bared parecen haber aliviado ciertas tensiones entre Hezbolá y el gobierno libanés. A pesar de esta realidad, el Partido de Dios y el resto de las milicias pro-Sirias más que replegarse estarían preparando el terreno para este verano, con el objetivo de lanzar la batalla final para tomar el poder en Beirut y el resto del país. Todo ello, con el agravante de que cuando comience a operar Hezbolá, muchos soldados del ejército libanés de religión chi’ita puedan estar bajo tal influencia confesional, o simplemente por temor a la milicia pro-Iraní probablemente, no combatirían contra ellos.
En tercer lugar, la gravedad del incidente con el convoy de Naciones Unidas que intentó ingresar a Naher al-Bared durante los combates --para proveer agua, alimentos y medicinas a los refugiados palestinos atrapados en el fuego cruzado-- es un llamado de atención durísimo que nos lleva a reparar en la presencia de las fuerzas internacionales (FINUL) desplazadas por mandato de la ONU. Este contingente, desplegado junto al ejército libanés desde las márgenes del río Litani en el Líbano meridional y hacia el sur del país hasta las fronteras libanesa-israelí para prevenir las hostilidades de Hezbolá y neutralizar nuevas acciones bélicas con el Estado de Israel sin duda alguna puede terminar involucrado en el tenso escenario de conflicto. Las tropas de la ONU se encontrarán inevitablemente expuestas a los ataques que puedan sufrir pues son consideradas enemigas por Hezbolá por lo que pasaran a ser un objetivo más cuando dejen de ser útiles a los cometidos de los yihadistas.
¿UNA NUEVA GUERRA CIVIL?
El escenario político libanés esta mutando a gran velocidad por estas horas, y la dirección de los hechos y las acciones de los últimos días proyectan un inminente curso de confrontación y colisión a escalas mayores.
Si los eventos se encaminan hacia lo que aún no logra comprender la comunidad internacional pero que la sociedad civil libanesa teme con absolutos fundamentos, las fuerzas internacionales no podrán escapar y se verán involucradas.
Así pues, se aprecia un peligroso clima de convulsión contenida que puede abrir un re-acomodamiento de energías locales, regionales e internacionales que dejaría la vía expedita, a la construcción de alianzas y coaliciones que por ahora se presentan como impensables, descabelladas e incomprensibles, con lo cual, el estallido para un nuevo y gran conflicto estará preparado a la perfección. Si ello ocurriera, la partida habrá sido ganada por las fuerzas antidemocráticas y nuevamente el Líbano y su pueblo se convertirá en el atormentado escenario de Oriente Medio como repetición de la tragedia los años ’70 y ‘80.
Para preservarse de estos peligros es que se hace urgente y necesaria la intervención de las fuerzas FINUL y que estas, junto al ejercito libanés sean desplazados en toda la frontera libanesa-siria como también el sur del río Litani y en los doce campamentos de refugiados palestinos dentro del país.
INFOMEDIO agradece a George Chaya por esta colaboración.
13/06/2007 •
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Líbano-Siria