Especial para INFOMEDIO
Por Ricardo Angoso (para INFOMEDIO)
Ricardo Angoso opina que mientras en Washington comienza a reinar el realismo político, en el sentido de admitir la derrota en Irak, el presidente estadounidense George Bush sigue empeñado en una guerra inútil e imposible de ganar. Angoso analiza las consecuencias políticas y humanas de la guerra, cifrando en más de un millón el número de víctimas iraquíes, y entre las secuelas políticas un debilitamiento de Israel, el fortalecimiento de Irán y una posible desestructuración territorial de Irak. Ante esta realidad, la retirada de las tropas estadounidenses sería una buena medida. Ricardo Angoso es coordinador general de la ONG Diálogo Europeo y miembro del Consejo Asesor de INFOMEDIO. (SIGUE...)
Mientras que en Washington comienza a reinar el realismo político, en el sentido de que ya son muchos los que creen que la guerra de Irak está perdida, el peor presidente de la historia de los Estados Unidos de América, George Bush, sigue empeñado en su viaje hacia ninguna parte, despilfarrando el presupuesto de su país en una guerra inútil imposible de ganar e insistiendo en su sangrienta cruzada contra todos, incluida España, a la que considera país "no amigo".
Ya han muertos más de un millón de iraquíes, según cálculos objetivos, y otros cinco millones han tenido que huir de esa trampa mortal llamada Irak que los Bush, Aznar y Blair "diseñaron" para una región cansada de violencia y necesitada de política y diplomacia.
Pero, en vista de estos tozudos hechos, conviene que repasemos que las consecuencias de la guerra desatada por las potencias occidentales en Irak, quizá el mayor error estratégico de los Estados Unidos desde la debacle de Vietnam. Tan sólo una retirada ordenada de sus fuerzas evitará males mayores, esperemos que reine el sentido común en Washington.
Mejor argumento no podían haber encontrado los islamistas radicales: esta es una guerra de Occidente contra el Islam. Nunca se había visto hasta ahora al heterogéneo mundo radical islamista más unido; todos los movimientos y tendencias, incluidos suníes y chiítas, tienen el mismo objetivo: humillar y después derrotar a los Estados Unidos. Luego, en la lógica de las guerrillas que operan en Irak, el objetivo es legítimo: se trata de derrotar por todos los medios al enemigo que ha mancillado su honor y ocupado sus tierras. La violencia, por tanto, es legítima, en tanto y cuanto que apoyar al ocupante es sinónimo de traidor y “mal” musulmán. Los ocupantes usurpan una tierra santa para los chiíes y el deber de todo buen creyente es luchar e incluso morir por liberarla.
IRÁN EMERGE COMO POTENCIA REGIONAL
La gran paradoja de la intervención norteamericana en Irak es que Irán emerge como la potencia regional que no era hasta la intervención. El régimen de Sadam, que era un mal menor en vista de lo que está ocurriendo en este país desde la intervención anglo-norteamericana, servía de contrapeso al creciente poder militar iraní y evitaba la temida hegemonía chiíta en la zona; ahora, Irak es un campo de batalla entre chiítas y suníes, Irán desarrolla un imparable programa nuclear y ejerce con fuerza su liderazgo en el Líbano y los territorios palestinos. Los israelíes, pero también los árabes moderados, contemplan con horror y preocupación el cada vez más creciente peso de Teherán en esta convulsa región.
DEBILITA A ISRAEL
Por mucho que algunos estrategas israelíes se empeñen en hacernos creer lo contrario, la situación es mucho peor que hace cinco años. El proceso de paz se ha visto interrumpido, Estados Unidos ha estado ausente en su acción exterior en la región en los últimos tiempos e Israel sigue rodeado de numerosos enemigos impredecibles, como son los casos de Hizbullá, el grupo terrorista proiraní Hamas y el régimen sirio. El presidente Bush tan sólo ha dado el "abrazo del oso" al titubeante e inestable ejecutivo que gobierna en Israel desde el infarto de Ariel Sharon. En esta situación, cualquier golpe del exterior, como fueron las acciones de Hizbullá en el Sur del Líbano el pasado verano, puede descomponer el complejo equilibrio y provocar conflictos inesperados.
EROSIONA LA IMAGEN DE ESTADOS UNIDOS
La guerra de Irak ha sido la peor operación de marketing que podía haber puesto en marcha la administración norteamericana. Tal como revelan numerosos estudios y sondeos, los Estados Unidos es unos de los países peor valorados en el mundo árabe y, en general, en todo el Islam. Genera desconfianza, provoca recelos y su imagen de mediador ha saltado hecha añicos, incluso en su antaño aliada Turquía, cada vez más recelosa de unos Estados Unidos prepotentes, henchidos de gloria e incapaces de abrirse a un diálogo sin exclusiones. Ankara ya habla libremente y sin presiones con países como Irán, Siria y Rusia, con los que a veces mantiene una mayor sintonía que con los dirigentes norteamericanos, algo que no resultará extraño a ningún analista avezado.
Resultará muy difícil en un futuro, vistas las consecuencias de lo que ha acaecido en Irak, intervenir militarmente en esta región, aún en el caso de que la misma fuera legítima y contara con el aval de las Naciones Unidas, tal como ocurrió en la primera Guerra del Golfo. Será imposible encontrar fuerzas y sobre todos gobiernos que quieran arriesgarse a un "juego" de tan fatales resultados. Incluso una intervención contra Irán, en el caso de que continuase su apuesta nuclear, tan poco se vería legitimada y apoyada por una comunidad internacional que recela del prepotente abuso del unilateralismo del que ha hecho gala la actual administración del segundo Bush.
DESESTRUCTURA TERRITORIALMENTE A IRAK
Ojeen el mapa de Irak y comprueben el resultado a corto plazo de la intervención norteamericana: un "Estado" kurdo en el Norte, que será reconocido por la comunidad internacional como mal menor para frenar la emergencia del chiísmo apoyado por Irán, y dos futuras entidades políticas controladas por los suníes, con sede en Bagdad seguramente, y los chiítas proiraníes qua ya han abandonado el ejecutivo "cipayo" auspiciado por los occidentales. Pero bueno, ese escenario es menos pesimista que el padecemos hoy, ya que todo el territorio iraquí se ha convertido en un incontrolable reino de Taifas que ya nadie controla y donde se ha impuesto una anarquía sangrienta e interminable; un auténtico escenario de rivalidad incontrolada entre chiítas, suníes, kurdos y ex partidarios del ejecutado dictador que controlaba con mano de hierro lo que un día fue un Estado.
Turquía es la principal víctima del desastre iraquí. Cada día que pasa la preocupación en los círculos políticos y militares turcos es mayor, sobre todo porque ha nacido un "Estado" kurdo en sus mismas fronteras y porque este acontecimiento puede tener un gran significado y calado para los millones de kurdos que viven en la República que fundara tras la Primera Guerra Mundial Mustafá Kemal Atatürk. Luego están las consabidas conexiones entre el grupo separatista PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) con los grupos kurdos iraquíes, que les apoyan y les dan cobijo. Lógico, ¿quién más les podría apoyar?
CONCLUSIÓN
La intervención contra Irak estuvo a punto de terminar en una ruptura seria dentro de la Alianza Atlántica, sobre todo tras la negativa franco-alemana a participar en una agresión militar ilegítima, ajena al derecho internacional y tan sólo condicionada por unos Estados Unidos deseosos de acabar con el régimen iraquí. Ni hubo consenso ni resolución de las Naciones Unidas, tan sólo la prepotencia y la mentira, como las supuestas armas de destrucción masiva que nunca aparecieron. Lo que no había conseguido la extinta Unión Soviética por poco lo consigue el actual inquilino de la Casa Blanca. Ahora, pese a que la crisis ha sido superada, todo el mundo occidental civilizado clama ya por la retirada de las fuerzas desplegadas allí y condenan la más descabellada de las guerras iniciadas por los Estados Unidos desde el final de la Segunda Guerra Mundial.
INFOMEDIO agradece a Ricardo Angoso por esta colaboración.
10/05/2007 •
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Irak