Especial para INFOMEDIO
Por Ricardo Angoso (para INFOMEDIO)
Ricardo Angoso opina que la destrucción de Irak y sus fatales consecuencias representa el mayor desastre de la historia contemporánea y critica que los responsables políticos y militares de esta operación sigan justificando su "dislate". El autor se pregunta cuánta gente tiene que morir en las calles de Bagdad para que los dirigentes de Washington y Londres comprendan que han perdido la guerra y que es hora de hacer las maletas. El empecinamiento de Bush en esta guerra no salvará su imagen ni contribuirá a la estabilidad de Oriente Medio. Ricardo Angoso es coordinador general de la ONG Diálogo Europeo y miembro del Consejo Asesor de INFOMEDIO. (SIGUE...)
Mientras los responsables políticos y militares del mayor desastre de la historia contemporánea, la destrucción de Irak y sus fatales consecuencias, siguen justificando su dislate, pronunciando conferencias, incluso en foros académicos, y defendiendo con los más variopintos argumentos el sufrimiento y el dolor provocados, en Bagdad se vive el Apocalipsis.
Cada día que pasa, en medio de esta orgía de atentados, muertes inocentes, caos descontrolado y anarquía casi total, los peores pronósticos que anunciaban algunos si se llegaba a producir la dichosa intervención norteamericana se han visto superados con creces por la cruda y dura realidad. ¿Cuánta gente tiene que morir en las calles de Bagdad para que los dirigentes de Washington y Londres comprendan que han perdido la guerra y que es la hora de hacer las maletas?
UNA RETIRADA INSUFICIENTE Y TARDÍA
Ahora, algunos en los Estados Unidos piden la retirada de las tropas, el regreso a casa de sus soldados y el final de la pesadilla iraquí. Lamentablemente, estos buenos deseos llegan demasiado tarde. Demasiado tarde para el casi un millón de iraquíes que podrían haber perdido la vida en este infierno en que se ha convertido Irak.
Y para los casi cinco millones, según fuentes fiables, que parecen haber abandonado el barco a la deriva que es en la actualidad este país. Los Bush, Blair y Aznar, junto con toda la tropa de los dirigentes de los Estados sumisos de Europa del Este y los Balcanes, son los responsables de la destrucción de Irak y las dramáticas consecuencias que tendrá para esta región la intervención militar contra el régimen de Sadam. Deberían ser juzgados por crímenes contra la humanidad, dejarnos ya de eufemismos y llamar a las cosas por su nombre.
UN HORIZONTE DESOLADOR
El dictador iraquí era una mala solución, además violaba los derechos humanos y era una permanente fuente de inestabilidad para toda la zona, amén de un desafiante enemigo de Israel y los Estados Unidos. Sin embargo, y a estas alturas de la tragedia iraquí, el régimen abatido era de todas formas una fórmula que mantenía unido un país complejo, heterogéneo y cuyas fronteras fueron "diseñadas" por tiralíneas por las potencias occidentales.
Ahora, si hacemos un rápido balance, el resultado político de las andanzas de los neocons de Washington, Londres y Madrid, no puede ser más desolador: el país está fragmentado en tres, la guerra civil es ya una realidad cotidiana --aunque los Aznar y compañía siguen tratando de negarlo-- y lo que resulte de todo este desaguisado no será más que el campo de batalla para las futuras luchas entre los suníes y los chiítas.
Los kurdos, en cuanto puedan, proclamarán su independencia y convertirán en legítima, a los ojos de la comunidad internacional, su administración. Lógico, ya nadie quiere quedarse en un barco que se deshace irremediablemente ante nuestros impasibles ojos.
IRAK,¿UN ERROR OCCIDENTAL?
Estas son las cosas que ocurren cuando los occidentales pretendemos trasladar automáticamente nuestros valores políticos y culturales a otras latitudes del mundo.
Nuestra prepotencia, unida al desconocimiento del que hacen gala algunos, ha llevado a este Apocalipsis que no tiene solución ni arreglo. Nadie en los dos últimos siglos ganó una guerra de guerrillas; ni siquiera los Estados Unidos, que tuvieron que salir huyendo de Vietnam y aceptar la división de Corea en una guerra en la que ni ganaban ni perdían.
Irak no va a ser una excepción, no se puede ganar una guerra contra un ejército invisible y una población hostil, como lo sería la de cualquier país ocupado, que colabora con las diferentes guerrillas que operan.
CONCLUSIÓN
Puede que la obstinación del segundo Bush tenga mucho que ver con su lucha por no pasar a la historia como el peor presidente de la historia de su país, pero empecinarse en esta guerra tampoco le salvará ni contribuirá a la estabilidad de Oriente Medio. Más bien lo contrario; seguirá su viaje peculiar hacia ninguna parte y desacreditará, como nadie había hecho antes, aún más la pésima imagen de los Estados Unidos en Oriente Medio. En resumen, un desastre.
INFOMEDIO agradece a Ricardo Angoso por esta colaboración.
19/04/2007 •
Opine •
Imprimir •
Irak